16 junio 2009

El equilibrio

Era una laguna verde de color amarillento donde coexistían patitos feos y cisnes imperiales. Todos y cada uno de ellos vivía feliz y chapoteaba en el agua muy campante y animado.


Pero fue aquel día gris donde las nubes taparon el sol que se apareció Cruela de Vil en busca de animales con los cuales hacer lindos y elegantes abrigos, ya que la piel de dálmata estaba pasada de moda y lo que estaba in ahora eran las plumas de patos y cisnes.


Necesitaba de 100 patos y 50 cisnes para crear un único y majestuoso sobretodo con el cual cubrir sus esqueléticos hombros.


Su plan para atraparlos era lanzar una red cuando ellos se encontraran revoloteando en la laguna. Su malévola y cruel estrategia era casi perfecta. Sin embargo, no contaba en que estas aves eran más ingeniosas de lo que pudiese siquiera imaginar, ya que serían ellas las que terminarían por tenderle una trampa a esta pérfida mujer.


Cruela preparó todo minuciosamente para capturar a sus presas, pero las aves se adelantaron, tomaron la red con sus picos, rodearon el cuerpo de la mujer y picotearon su ropa hasta dejarla desnuda.


La asomaron al lago y el reflejo de su cuerpo y de cada una de las aves que se encontraban allí acompañó su imagen. Pasó un segundo y comprendió que todo se resumía a sentirse cómoda con su propia piel y dejar que los animales conservaran y mantuvieran la suya, sólo así la Pachamama se mantendría en equilibrio.


03 junio 2009

El tiburón Kike

- ¡Nada Kike nada!

Era lo que escuchaba una y otra vez el tiburón Enrique cuando asomaba su cabeza del agua. Por tercera vez consecutiva competía por el Campeonato del Arrecife Dorado y la presión era enorme. En cada uno de sus aletazos llevaba la esperanza de todos sus fans y seguidores.


Respiración tras respiración pensaba en su querido océano Atlántico. En donde pasó gran parte de su infancia junto a sus amigos de corales. Allí donde vivió los mejores años de su vida y aprendió a ensayo y error aquellos aletazos que liquidaban a todos sus rivales.


Cuando sólo le quedaban 50 metro de competencia su posición no era la más favorable. El 3º lugar nunca fue una opción para él y esta no era la excepción. Pero lo que “El Kike”, el tiburón de nariz pronunciada, 12 metros de largo y aletas prominentes, nunca pensó, que en aquel húmedo día de Marzo se convertiría en una leyenda de la natación Atlántica.

26 mayo 2009

Las nubes



Cirros –la blanca y transparente nube- salió de tu casa para ir al colegio. Hasta el momento su día era absolutamente normal, pero no sabía que unas horas más tarde se toparía con el amor de su vida.

Mientras iba camino a su colegio, repasando la materia Trueno I y Relámpago III, decide desviarse de su tradicional rumbo para acortar camino a su querido establecimiento educacional.

Decidió irse por el sur, así llegaría más rápido.

Mientras iba volando tranquilamente, por el frente de su vereda aparece el guapetón y grisáceo Estratos. Se miraron y cruzaron las miradas por un segundo. Para Cirros todo parecía estar en cámara lenta.

Mientras Estratos, cruzaba hacia la vereda de Cirros, ella se quedó inmóvil. Sólo esperó a que él llegara hasta ella. Sin decir nada, él le tomó la mano, ella se aferró a su brazo. Y caminaron juntos por la vereda.

Mientras tanto en la tierra…

19 mayo 2009

La llamada



El celular naranjo se sentía intimidado por las constantes miradas de su dueña. Quería su privacidad y nadie se la concedía.

Intentó hacerse el loco y mirar para otra parte para esquivar las insistentes miradas de Enriqueta, pero no resultaba.

Revisaba compulsivamente los mensajes que le mandaban, escuchar mp3, ver las fotos de los viajes y amigos de su propietaria, en fin… distraerse y nada seguía funcionando.

El tema ya lo tenía chato, qué culpa tenía él que el tipo no la llamara y ella por fin se quedara contenta y lo dejara de mirar fijamente como si le debiera algo el pobre celular.

“deja de mirarme cabra lesa, si el mino este no te llama es porque está ocupado, haciendo cosas importantes…o para tu mala suerte joteándose a otra mina. Ocúpate de tu vida cabra, si ta’ bien que yo sea lindo, naranjito y moderno, pero que tu mundo no gire en torno a mí y menos en torno a él”. Pensaba el teléfono.

Pero la dueña estaba empecinada en mirarlo de vez en cuando a ver si estaba prendido, si le había llegado un mensaje, si estaba en silencio, si había vibrado y no se daba cuenta…en fin…

Pasó el tiempo

1 hora

2 horas

3 horas

4 horas

…. Ring ring … ring ring…

-Aló? –dijo Enriqueta


Pero nadie contestó desde la otra línea…

12 mayo 2009

Una vez


Una vez la rama Valentina le contó a su amiga chinita …

…que la hoja Amelia vivía feliz en el regazo de su madre el árbol Rufina.

Todos los días se bañaba con el agua que su mami le daba para que pudiera comer.

Era muy verde, quizás la más joven de todos sus hermanos. Le gustaba balancearse con el viento y las chinitas que pasaban por su cuerpo le hacían rosquillitas.

Amelia pasaba los días riendo y conversando con su madre árbol Rufina.

Era muy feliz….hasta que llegó el otoño.

Ese día era muy frío y la pequeña hojita notó que tenía algo extraño

¡Había una mancha café en su pequeño cuerpo!

Se preocupó, y se dirigió hacia su madre para comentarle lo que ocurría.

Ella la abrazó y le explicó que en esta época las hojitas debían madurar y empezar a en-café-zarse.

Amalia asustada le preguntó si iba a morir, su madre le contestó que nadie se muere mientras alguien lo recuerde… y ella siempre la recordaría como una de sus hojas regalonas.

05 mayo 2009

Un peluche de pocas palabras

El estruendo detuvo completamente a la Alameda. Nadie sabía qué ocurría. Todos miraban de un lado a otro, sin encontrar de dónde provenía el griterío. De pronto alguien señala hacia una dirección y allí se encontraba

el cuerpo del peluche Nicolás.

Este peluche de nariz acorazonada, 78 centímetros de altura y cuerpo algodonado nunca pensó que su vida terminaría así. Por el contrario, aquel día que contrajo matrimonio con la Barbie Secretaria su vida cobraba todo el sentido que había esperado durante toda su adolescencia. Más aun cuando se enteró que tendría a su primer peluchito. Pero todo cambió repentinamente.

Una mañana la Barbie Secretaria despierta a Nicolás muy agitada y con una expresión e urgencia. Al llegar a la clínica, ingresan a su esposa mientras él se sienta impaciente en la sala de espera. Nunca el tiempo le había importado tanto. Sintió como si hubiese estado todo un día sentado ahí. De pronto por altoparlante se escucha “¡Código azul!”. Inmediatamente supo que algo malo sucedía con su mujer e hijo.

Nunca pudo superar esa pérdida, ni nunca tuvo la intención de hacerlo. Sólo encontraba refugio en las drogas. Cada noche en que el insomnio lo visitaba, se dirigía al portal Álamos de Viña del Mar para intercambiar alguna antigüedad -que su familia le había heredado- por algunas líneas de cocaína o algo de marihuana. Sólo ahí el vacío que la vida le había dejado se completaba.

Pero aquel día su maniática rutina cambió. Salió del supermercado –en donde trabajaba como cajero- y se dirigió rápidamente a su bar de siempre. Intercambió un antiguo candelabro de oro blanco de su bisabuela Rosalinda por un arma de su amigo dealer. Jaló tres líneas de cocaína. Y se subió a un taxi. “A Santiago, por favor”. Nunca fue un peluche de muchas palabras y el conductor se dio cuenta. Durante el viaje ninguno mencionó nada. El taxista lo dejó en un bar. Allí bebió un par de cervezas. Y a eso de las 7 de la tarde se dirigió a la Alameda. Se puso frente a la Moneda. Sacó una soga de sus roñosos jeans azules. Envolvió su cabeza. Y no lo pensó, sólo lo hizo.

20 abril 2009

La granja de Ají



Ají vive en las praderas, cerca de la casa del tío Pepito que ordeña las vacas de la granja vecina.

A Ají le gustan los cerdos. Una vez al día se sube a uno de ellos, se adentra a los campos de esmalte naranjo a respirar y pensar sola, sin que nadie la moleste.

Le encanta el viento en su tallo y sentir la velocidad de su cerdo (que piensa tomarse el poder de una granja vecina) que galopa.


Noche a noche Ají sabe lo que tiene que hacer para que su granja funcione correctamente. Se levanta todos los atardeceres con las vacas que cacarean fuertemente en las letrinas de su pequeño pero acogedor hogar. Va en busca de sus gallinas que la ayudan a guiar el ganado de flores.


En eso pasa toda la tarde.

A la hora de 11, Ají se dirige a la casa del tío Pepito para acompañarlo en su Agua Ardiente diaria. Se toman un par de shot juntos, hablan de la economía mundial y Ají vuelve a su dulce hogar.

Allí la espera el perro Lorenzo con la cena servida. Ambos se sientan en la mesa y se quejan de sus respectivos problemas. Luego conversan de trivialidades. Y finalmente sus pláticas son más profundas e intentan de cambiar el mundo.

Cuando el sueño los supera a ambos se dirigen a sus respectivas habitaciones.

El perro Lorenzo va a su morada, específicamente a su cama Box Spring de 2 plazas y media, mientras que Ají se estira a los pies de su cama, esperando que pase el día para comenzar su rutina nocturna nuevamente.

14 abril 2009

II Parte

El fin


Rafa no se demoró en llegar. Caballerosamente le dio la mano para que la tortuga Pancha se subiera a la aleta del delfín que exclusivamente había arrendado Rafael para aquella cita. Todo marchaba sobre “la cola del delfín”. Pero algo inesperado sucedió.

Al cachalote Ignacio le fallan los frenos de su “Rana Rover” y
se estrella a gran velocidad contra Pancha.

Milésimas de segundos más tarde Francisca se encuentra a dos metros, boca abajo e inmóvil. Rafael se acercó y se desmoronó al lado de ella. Le tomó la aleta, la miró, y pensó en lo preciosa que era.

No podía creer que había encontrado a la mujer perfecta para él, y al mismo tiempo a quien llorar el resto de sus días. Quizás para muchos es incomprensible que aquella relación y el poco tiempo que ambos compartieron bastara para crear uno de los lazos más fuertes que él había sentido.

Rafael aún la recuerda. Aquella última mirada que ambos se dieron nunca la podrá olvidar. Y es que no necesitaron hablar para poder entenderse. Mientras iban arriba de los delfines ambos sintieron que se pertenecía el uno al otro. Ése era el equilibrio que tanto habían buscado, y finalmente lo habían encontrado. Pero el
destino o quienquiera que sea les tenía preparado a ambos otro final.