Un peluche de pocas palabras
El estruendo detuvo completamente a
el cuerpo del peluche Nicolás.
Este peluche de nariz acorazonada,
Una mañana la Barbie Secretaria despierta a Nicolás muy agitada y con una expresión e urgencia. Al llegar a la clínica, ingresan a su esposa mientras él se sienta impaciente en la sala de espera. Nunca el tiempo le había importado tanto. Sintió como si hubiese estado todo un día sentado ahí. De pronto por altoparlante se escucha “¡Código azul!”. Inmediatamente supo que algo malo sucedía con su mujer e hijo.
Nunca pudo superar esa pérdida, ni nunca tuvo la intención de hacerlo. Sólo encontraba refugio en las drogas. Cada noche en que el insomnio lo visitaba, se dirigía al portal Álamos de Viña del Mar para intercambiar alguna antigüedad -que su familia le había heredado- por algunas líneas de cocaína o algo de marihuana. Sólo ahí el vacío que la vida le había dejado se completaba.
Pero aquel día su maniática rutina cambió. Salió del supermercado –en donde trabajaba como cajero- y se dirigió rápidamente a su bar de siempre. Intercambió un antiguo candelabro de oro blanco de su bisabuela Rosalinda por un arma de su amigo dealer. Jaló tres líneas de cocaína. Y se subió a un taxi. “A Santiago, por favor”. Nunca fue un peluche de muchas palabras y el conductor se dio cuenta. Durante el viaje ninguno mencionó nada. El taxista lo dejó en un bar. Allí bebió un par de cervezas. Y a eso de las 7 de la tarde se dirigió a


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