Una vez la rama Valentina le contó a su amiga chinita …
Todos los días se bañaba con el agua que su mami le daba para que pudiera comer.
Era muy verde, quizás la más joven de todos sus hermanos. Le gustaba balancearse con el viento y las chinitas que pasaban por su cuerpo le hacían rosquillitas.
Amelia pasaba los días riendo y conversando con su madre árbol Rufina.
Era muy feliz….hasta que llegó el otoño.
Ese día era muy frío y la pequeña hojita notó que tenía algo extraño
¡Había una mancha café en su pequeño cuerpo!
Se preocupó, y se dirigió hacia su madre para comentarle lo que ocurría.
Ella la abrazó y le explicó que en esta época las hojitas debían madurar y empezar a en-café-zarse.
Amalia asustada le preguntó si iba a morir, su madre le contestó que nadie se muere mientras alguien lo recuerde… y ella siempre la recordaría como una de sus hojas regalonas.


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